Asustado estoy, he de reconocerlo. Vivir fuera del estado español hace que a veces olvide una de las muchas razones por las que abandoné voluntariamente este país de caciques.
Hace unos días llegó a mi correo un mensaje que se pedía que se hiciera boicot a Telecinco por apoyar el Manifiesto por la lengua común en el que se pide fortalecer el castellano como lengua vehicular en diferentes ámbitos sociales, culturales y económicos, en detrimento del català, el euskera o el galego.
A pesar de que esta defensa del español sea un argumento cíclico y que cada cierto tiempo reaparezca en los m
edios de comunicación, he de reconocer que la ciudadanía está por encima de este griterío que resuena a al viejo dicho franquista de “Una, grande y libre”. Llevo unos días paseando por Barcelona y me comunico indistintamente en ambas lenguas sin que vea por la calle a castellanoparlantes sufriendo acoso y derribo por usar el castellano, intentando descifrar carteles de monumentos, tartamudeando ante la imposición de catalanoparlantes, accidentes de coches por la rotulación en catalán,…
Claro que hay una defensa de los idiomas minoritarios. Normal, por otra parte. Siempre hay que ayudar al que está más indefenso, hay que defender la cultura de las minorías, hay que potenciar el conocimiento de lo diferente porque la historia ha demo
strado que los idiomas co-oficiales siempre han sido los perseguidos, los menospreciados, los de la cultura popular, los que se habla de puertas para a dentro...
Pero quizás lo que más me preocupe no es esta defensa del castellano, absurda por otra parte, si no quien firma, normalmente estos manifiestos. Si las declaraciones de este tipo lo firmasen políticos, uno podría, no entenderlo porque nunca he entendido las restricciones, pero como mínimo enmarcarlo en una cuestión de cuota de poder. Pero no, estos manifiestos los firman escritores, pintores, pensadores, dramaturgos, abogados,…, es decir, una supuesta intelectualidad. Esto es lo que me preocupa, que sean los supuestos intelectuales de este país y de Latinoamérica quienes defienden el castellano como única lengua vehicular.
Los intelectuales, siempre ha pensado uno, son aquellos que buscan que el mundo progrese y ¿desde cuando el progreso se basa en las restricciones?
Hace unos días llegó a mi correo un mensaje que se pedía que se hiciera boicot a Telecinco por apoyar el Manifiesto por la lengua común en el que se pide fortalecer el castellano como lengua vehicular en diferentes ámbitos sociales, culturales y económicos, en detrimento del català, el euskera o el galego.
A pesar de que esta defensa del español sea un argumento cíclico y que cada cierto tiempo reaparezca en los m
edios de comunicación, he de reconocer que la ciudadanía está por encima de este griterío que resuena a al viejo dicho franquista de “Una, grande y libre”. Llevo unos días paseando por Barcelona y me comunico indistintamente en ambas lenguas sin que vea por la calle a castellanoparlantes sufriendo acoso y derribo por usar el castellano, intentando descifrar carteles de monumentos, tartamudeando ante la imposición de catalanoparlantes, accidentes de coches por la rotulación en catalán,…Claro que hay una defensa de los idiomas minoritarios. Normal, por otra parte. Siempre hay que ayudar al que está más indefenso, hay que defender la cultura de las minorías, hay que potenciar el conocimiento de lo diferente porque la historia ha demo
strado que los idiomas co-oficiales siempre han sido los perseguidos, los menospreciados, los de la cultura popular, los que se habla de puertas para a dentro...Pero quizás lo que más me preocupe no es esta defensa del castellano, absurda por otra parte, si no quien firma, normalmente estos manifiestos. Si las declaraciones de este tipo lo firmasen políticos, uno podría, no entenderlo porque nunca he entendido las restricciones, pero como mínimo enmarcarlo en una cuestión de cuota de poder. Pero no, estos manifiestos los firman escritores, pintores, pensadores, dramaturgos, abogados,…, es decir, una supuesta intelectualidad. Esto es lo que me preocupa, que sean los supuestos intelectuales de este país y de Latinoamérica quienes defienden el castellano como única lengua vehicular.
Los intelectuales, siempre ha pensado uno, son aquellos que buscan que el mundo progrese y ¿desde cuando el progreso se basa en las restricciones?
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