miércoles, 25 de agosto de 2010

Contra el Manifiesto por la lengua común

Asustado estoy, he de reconocerlo. Vivir fuera del estado español hace que a veces olvide una de las muchas razones por las que abandoné voluntariamente este país de caciques.

Hace unos días llegó a mi correo un mensaje que se pedía que se hiciera boicot a Telecinco por apoyar el Manifiesto por la lengua común en el que se pide fortalecer el castellano como lengua vehicular en diferentes ámbitos sociales, culturales y económicos, en detrimento del català, el euskera o el galego.

A pesar de que esta defensa del español sea un argumento cíclico y que cada cierto tiempo reaparezca en los medios de comunicación, he de reconocer que la ciudadanía está por encima de este griterío que resuena a al viejo dicho franquista de “Una, grande y libre”. Llevo unos días paseando por Barcelona y me comunico indistintamente en ambas lenguas sin que vea por la calle a castellanoparlantes sufriendo acoso y derribo por usar el castellano, intentando descifrar carteles de monumentos, tartamudeando ante la imposición de catalanoparlantes, accidentes de coches por la rotulación en catalán,…

Claro que hay una defensa de los idiomas minoritarios. Normal, por otra parte. Siempre hay que ayudar al que está más indefenso, hay que defender la cultura de las minorías, hay que potenciar el conocimiento de lo diferente porque la historia ha demostrado que los idiomas co-oficiales siempre han sido los perseguidos, los menospreciados, los de la cultura popular, los que se habla de puertas para a dentro...

Pero quizás lo que más me preocupe no es esta defensa del castellano, absurda por otra parte, si no quien firma, normalmente estos manifiestos. Si las declaraciones de este tipo lo firmasen políticos, uno podría, no entenderlo porque nunca he entendido las restricciones, pero como mínimo enmarcarlo en una cuestión de cuota de poder. Pero no, estos manifiestos los firman escritores, pintores, pensadores, dramaturgos, abogados,…, es decir, una supuesta intelectualidad. Esto es lo que me preocupa, que sean los supuestos intelectuales de este país y de Latinoamérica quienes defienden el castellano como única lengua vehicular.

Los intelectuales, siempre ha pensado uno, son aquellos que buscan que el mundo progrese y ¿desde cuando el progreso se basa en las restricciones?

martes, 24 de agosto de 2010

Cuentos carnívoros, Bernard Quiriny


TÍTULO: Cuentos carnívoros
AUTOR:Bernard Quiriny
EDITORIAL: El Acantilado
NÚMERO DE PÁGINAS: 224


Si uno abre el libro de Bernard Quiriny podría morderle, así que el lector queda advertido.

Los Cuentos carnívoros muerden porque dejan una huella profunda en el lector porque, a pesar de la irrealidad del acontecimiento inicial, estos cuentos logran imbuirlo a uno en la irrealidad del suceso por imposible que parezca. Son narraciones inverosímiles que en manos de Quiriny se convierten en probables e incluso en posibles.

Un hombre que bebe sangre con naranja para encontrar el perfume de una mujer a la que desvistió su piel de naranja, un obispo, no con doble personalidad, si no con doble corporeidad, anotaciones de un asesino a sueldo sobre casos extraños, un pintor que usa cáscaras de huevos en vez de lienzos, las historias y pensamientos del extraordinario Pierre Gould, la historia de los borrachos eternos,… Historias fantásticas dentro de un mundo posible, acontecimientos que no dejan indiferente, personajes que obliga a uno a mirar diferente a la gente que le rodea. Quiriny consigue que lo imposible deje de serlo.

Los cuentos de Quiriny podrían enmarcarse dentro de un realismo mágico, con un toque misterioso de Edgar Allan Poe y una gran dosis de humor negro, todo ello amenizado con una prosa justa en palabras.

A pesar de que la calidad de los cuentos de Quiriny es innegable, la verdad es que de los menos de quince cuentos que esta formado el volumen, un par o tres dejan bastante de desear, quizás porque uno, cuando entra en el extraño mundo del autor belga, le parecen que no están a la altura de los demás. Claro, ante una decena de cuentos geniales, no vamos a desmerecer un libro entero.

En definitiva, cuando uno es mordido por alguno de estos cuentos, le pasa lo mismo que al personaje del ultimo cuento, es devorado por las historias que le cuentan, dejándose comer, casi sin notarlo, entrando en un mundo irreal, donde uno puede llegar a perder la noción de la certeza, de lo que es verdad o mentira.